jueves, 17 de abril de 2008

jueves, 10 de abril de 2008

Cómo confeccionar un cuaderno de campo.

por el profesor Etiénne De Griffes.

Aquí se irán colgando los apuntes de clase. Una alumna avanzada, la señorita Zelenitsas1, se ocupará de transcribirlos al dictado, ya que un reciente accidente me ha privado temporalmente de la visión, presumiblemente, la mayor parte del presente curso (tratar con duendes presenta estos inconvenientes…)

1. Introducción.

Definiciones de lo que sea un hada las hay a centenares, si bien la mayoría se inclina por interpretarlas como criaturas o entidades cuasi materiales que vendrían a encarnar algún tipo de energía: energías mágicas, elementales, cósmicas, telúricas… Nosotros trabajaremos con una definición eminentemente pragmática, acuñada tras muchos años de dura labor: “Si es un hada, entonces es comestible.” No en vano, toda nuestra ciencia de los sabores proviene de ellas, tal como se afirma en el manuscrito anónimo del siglo XI De silforum lingua. Claro está que pertenecen a una clase especial de alimentos, ya que confieren a quienes los ingieren los llamados dones, entre los cuales:

-la melena de Sansón.
-el verbo de Shareazaad
-diez de un solo golpe
-las botas de siete leguas
-la tonada de Hamelín
-ardid de lobo

Y la lista prosigue, y aún no está agotada.

Pero para poder adquirirlos, y siendo que son temporales, son imprescindibles tres saberes previos:

-Saber atrapar hadas.
-Saber cocinarlas.
-Saber asimilarlas.

Las hadas existen para los humanos desde el momento en que empezaron a consumirlas, y puesto que somos tan pocos quienes las hemos degustado de forma consciente, continúan siendo grandes desconocidas, e incluso se las tilda de ficciones. Un hada es la cosa más inadvertida del mundo, un apenas siempre, algo que existiría a ratos según nuestra percepción.

Hay muchos ejemplos de ingestiones inconscientes de hadas: cuando el escritor se ofusca y no encuentra una palabra, y se dice que la tiene en la punta de la lengua… en realidad está paladeando a una infortunada sílfide que se introdujo por despiste en las grutas de nuestras fauces; un poco más tarde, si por un casual se asimilaron sus nutrientes y se adquirió el don llamado: el vocablo de Shareazaad, el escritor alumbrará aquel esquivo vocablo. Por supuesto, al incauto devorador siempre se le escapará su propio rostro de ogro en el lance de la masticación y la deglución.

Este es uno de los peligros más importantes para los consumidores de hadas: “Quien consume carne de hada, corre el riesgo de abominar para los restos de la comida humana.” Muchas de las amenazas que aguardan al cazador de hadas no son tanto esas mismas criaturas, como los humanos que se transformaron a causa de su masiva ingesta.

Para esta introducción acerca de cómo confeccionar nuestro cuaderno de campo, presentaremos dos ejemplos y el modo de cazarlos. La forma de cocinar y de asimilar los nutrientes de estos especimenes en cuestión, se expondrá en la siguiente entrega.

Vislumbres.
Aunque no sea aconsejable tratar el material con las manos desnudas, en estos dos casos apenas existen riesgos. Este tipo de duendes presentan rasgos muy marcados, cuerpos escuálidos y escurridizos, manos y pies desproporcionadamente grandes. Articulan pocas palabras y suelen encontrarse en casas rústicas, sobre todo en periodos estivales. A estos duendes los vuelven locos los ovillos de lana. Suelen ser presa habitual de los gatos, que adquieren así, casi de manera connatural, el don llamado las botas de siete leguas, que consistiría, resumidamente, en una agilidad portentosa. (Este es un cuidado que debe tomar el cazador de duendes: procurar expulsar a todos los posibles gatos dentro de un área determinada.) Un simple ovillo situado en un lugar estratégico –cerca de un mueble, por ejemplo-, a eso de la hora de la siesta, suele bastar para que surjan de sus madrigueras. Impregnar el ovillo con sidra es un método infalible.

Horadadores.
Llevan barbas, algún atuendo básico. No horadan la tierra como es común creencia, no, sino los ratos muertos, los fósiles más duros del universo. Cavan sus galerías bajo las montañas más insospechadas, pues. El aburrimiento es un animal que se agazapa y toma por sorpresa al más pintado. Para atrapar a un horadador, se puede sacar provecho de ese estado de apatía: se trata de contar en voz alta de seguido los segundos de siete minutos. Esta cuenta actúa con un conjuro que materializa una piedra preciosísima según la apreciación de estas criaturas: el grupo de horadadores (pues suelen aparecer en grupos de tres o cuatro), habiéndola detectado, surgirán de improviso al terminar la cuenta, abriéndose paso desde el interior de un mazacote de arcilla endurecida que previamente habremos dispuesto cerca de nosotros.




Notas de la transcriptora:
1. ¡Hola a todos! Es para mí un placer.

jueves, 3 de abril de 2008

¡Última hora!

El grupo de expedicionarios ufanándose de su descubrimiento (de izquierda a derecha: Terzo de Malagrifo, el conde de Mahaverraque, Etiénne de Griffes y Manuel de los Ángeles Bermejo).

miércoles, 2 de abril de 2008

martes, 1 de abril de 2008

Heavy metaaaal!!

Vestidos de cuero, sacudiendo el cráneo

Haciendo que salten chispas en la noche

Se arremolinan todos juntos

En cuanto destellan los focos

Y atronan los 50000 vatios de potencia

Como si el sistema fuese a sobrecargarse

La bestia se desata para darles

Todo el metal que puedan soportar

Antes de caer exhaustos

¿Listos para explotar?

Es tu único billete hacia la medianoche

Llámalo Heavy Metal

Más alto que todo lo alto, siéntelo ya

Llámalo Heavy Metal

Desesperación tras una línea de contención

Suena como metal pesado

Con sus pantalones apretados y su lápiz de labios

Ella se mueve sobre un borde afilado

Ella reivindica lo suyo frente a los chicos

Sí, penetra entre la muchedumbre como una cuña

Ohh, puedes sentir la estática

Tantos contactos que tienen lugar…

Los fanáticos de las primeras filas

Derriban la barricada

Para alcanzar el escenario

¿Puedes sentir la rabia?

Es tu único billete hacia la medianoche

Llámalo Heavy Metal

Más alto que lo alto, siéntelo ya

Llámalo Heavy Metal

Desesperación tras una línea de contención

Suena como metal pesado



Rugen las cuerdas plenas de poder

Desmenuzando mis sentidos

Suena para el fuerte, no para el débil

En ligeras y oscuras dimensiones

Esto estimula y regenera

Esto es auténtica terapia

Esto levanta nuestros pies del suelo

y nos aplasta contra el techo

Entre los ojos

Lo siento estallar

Electrifica

Tus emociones

Ondas de choque caldean el aire

Todas las cabezas se sacuden

Los puños se agitan por todas partes

las Guitarras arrancan

Heavy Metal. Heavy Metal.

Qué es lo que quieres.

Heavy Metal. Heavy Metal.

Qué coño quieres.

Diez mil haces de luz se disparan

Con precisión quirúrgica

Los altavoces despiden acero fundido

Los golpes hacen ver doble

Una bestia rugiente y cromada

Nacida del acero y del cuero

Que sobrevivirá siempre

Saltará sobre el abismo

Entre los ojos

Lo siento estallar

Electrifica

Tus emociones

Ondas de choque caldean el aire

Todas las cabezas se sacuden

Los puños se agitan por todas partes

las Guitarras arrancan

Heavy Metal. Heavy Metal.

Qué más vas a querer.

Heavy Metal. Heavy Metal.

Qué coño quieres.